Relojes vintage 2026-2028: el nuevo ciclo del coleccionismo
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Hace cuatro años, en una tasación privada en Madrid, un cliente me pidió que le dijera qué compraría yo con su presupuesto de 25.000 euros. Le respondí sin pensarlo: un Daytona 16520 con papeles. Hoy, en 2026, esa misma pregunta tendría una respuesta completamente distinta, y no porque el Daytona haya dejado de gustarme, sino porque el mercado ha girado sobre su propio eje.
Lo que estamos viendo en estos meses no es un ajuste puntual ni una corrección técnica de precios. Es un cambio de fondo, uno de esos que llegan cada diez o quince años y redistribuyen dinero, deseo y estatus dentro del coleccionismo. Las tendencias de relojes vintage para 2026-2028 apuntan a un desplazamiento del centro de gravedad que llevaba más de una década en Ginebra y que ahora vuelve a París, a Le Sentier y, sorprendentemente, a piezas que llevaban décadas en el purgatorio del gusto.
Este artículo no va de nostalgia. Va de dinero, de datos y de las señales que llevo observando en subastas, en foros especializados y en la mesa de mi propio taller durante los últimos veinticuatro meses.
Cómo llegamos hasta aquí: el ciclo deportivo que agotó su recorrido entre 2018 y 2024
Para entender hacia dónde vamos hay que entender de dónde venimos. Entre 2018 y 2022, el mercado de piezas de época vivió su fase más agresiva desde los años ochenta. El motor fue simple: cronógrafos de acero, marcas suizas de primer nivel, cajas grandes y una demanda inflada por dinero fácil, especulación cripto y una generación de compradores que descubrió estas piezas como activo alternativo casi al mismo tiempo.
Vamos, que se juntó el hambre con las ganas de comer.
La saturación de los cronógrafos de acero y el techo del hype Rolex-Patek
Los números concretos ayudan a dimensionar lo que pasó. Un Daytona referencia 16520, que en 2017 podía cerrarse por debajo de los 25.000 euros con papeles completos, tocó máximos superiores a los 60.000 en la primavera de 2022. Un Nautilus 5711, en el mercado gris, llegó a duplicar el triple del PVP oficial. Y a partir de ahí, el techo se hizo evidente.
Yo mismo advertí a varios clientes en el segundo trimestre de 2022 que las cifras que estábamos viendo no eran sostenibles. Uno de ellos, un ingeniero catalán que llevo asesorando desde 2016, quiso vender su Patek 5980 esa misma semana. Otro decidió esperar. Aún lo tiene, y hoy vale entre un 35% y un 40% menos que en aquel pico. Por eso insistimos tanto en tasar un reloj vintage antes de decidir si se vende o se conserva.
La caída silenciosa de los precios en subastas desde el pico de 2022
Lo interesante no fue la caída en sí, sino cómo se produjo. No hubo crash. No hubo pánico. Hubo silencio: lotes que se retiraban antes de martillo, casas de subastas ajustando estimaciones a la baja, y compradores que dejaban de aparecer en las pujas telefónicas. Entre otoño de 2022 y verano de 2024, el índice general de cronógrafos deportivos vintage cayó, según estimaciones del sector, entre un 25% y un 40% en función de la referencia.
Y aquí está el detalle que pocos vieron venir: mientras esas piezas se enfriaban, otras categorías que llevaban veinte años olvidadas empezaban a moverse. Discretamente. Sin titulares. Ese fue el primer aviso.
Lo que cambió en 2025: las señales que ya anticipan el nuevo ciclo
Si tuviera que fijar una fecha simbólica para el cambio, pondría el primer semestre de 2025. No porque ocurriera nada espectacular, sino porque ese fue el momento en el que las cifras internas de las subastas ginebrinas y neoyorquinas empezaron a contar otra historia. Y cuando las cifras internas cambian antes que los titulares, es que hay algo real detrás.
El informe Chrono24 y el retorno del dress watch como categoría dominante
El informe semestral que publicó Chrono24 en primavera de 2025 fue una de las primeras confirmaciones estadísticas. Las búsquedas de la palabra «dress watch» habían crecido más de un 60% interanual entre coleccionistas menores de 40 años. Las de «Tank Cartier» y «Reverso» duplicaron los niveles del año anterior. Y lo más revelador: el interés por cronógrafos de acero deportivos cayó por primera vez desde 2013.
¿Casualidad? Podría serlo si fuera un dato aislado. No lo era.
Al mismo tiempo, la casa Phillips ajustó su selección para las subastas de mayo y noviembre. Menos GMTs, menos Submariners fuera de catálogo, más rectángulos, más esferas plateadas y más piezas de los años cincuenta y sesenta que llevaban años sin protagonismo. Los martillos empezaron a caer bien por encima de las estimaciones altas. Ahí supe que el ciclo había girado de verdad.
Cajas por debajo de 38 mm: el reajuste antropométrico del mercado
El otro cambio profundo tiene que ver con el tamaño. Durante quince años, entre 2005 y 2020, la caja de referencia fue de 40 mm hacia arriba. Los 44 mm eran normales. Los 42 mm, conservadores. Un 36 mm parecía cosa de otro siglo.
Pues bien, el 36 mm ha vuelto. Y con él, el 34, el 32 e incluso rectángulos por debajo del 26 mm de ancho. La cosa es que esta vez no es una moda pasajera: coincide con un cambio generacional real, con muñecas más delgadas en promedio (por edad de comprador, no por biología) y con una lectura estética completamente distinta del reloj como accesorio. El coleccionista de treinta y cinco años no quiere parecer su padre en 2010. Quiere parecer su abuelo en 1965.
Estado actual del vintage en 2026: piezas, casas y perfiles que están tirando del mercado
Este mercado vive un cambio de ciclo estructural: la categoría dominante ha dejado de ser el cronógrafo deportivo de acero para convertirse en el reloj de vestir de proporciones contenidas, con la Cartier Tank y la JLC Reverso como referencias centrales y con un comprador medio por debajo de los 40 años.
A día de hoy, si te sientas a analizar las últimas cinco subastas importantes de piezas históricas (Phillips, Sotheby’s, Christie’s, Antiquorum y algunas casas más pequeñas pero relevantes en París y Milán), el patrón es tan claro que casi da pereza describirlo. Pero hay que hacerlo, porque los detalles importan.
Ciclo 2018-2024 frente a ciclo 2026-2028: el contraste en una tabla
Antes de entrar en las piezas concretas, conviene visualizar el contraste con una comparación directa entre el ciclo anterior y el que ya está entrando:
Variable
Ciclo 2018-2024
Ciclo 2026-2028
Pieza dominante
Cronógrafo deportivo de acero
Reloj de vestir (dress watch)
Tamaño de caja
40-44 mm
32-38 mm y rectángulos pequeños
Marcas motor
Rolex, Patek Philippe
Cartier, JLC, Vacheron, Tudor pre-2000
Complicación valorada
Cronógrafo, GMT, calendarios cargados
Solo tres agujas, esfera limpia
Eje geográfico
Ginebra
París, Le Sentier
Perfil comprador
45-60 años, especulador o coleccionista clásico
32-42 años, autodidacta, presupuesto medio
Motor de precio
Hype, especulación, dinero fácil
Trazabilidad, procedencia, gusto informado
Cartier Tank, JLC Reverso y el eje París-Le Sentier como nuevo centro de gravedad
El Cartier Tank, diseñado por Louis Cartier en 1917, ha dejado de ser «un buen reloj alternativo» para convertirse en la pieza central del nuevo relato. Las Tank Louis de oro de los años setenta y ochenta, que se compraban tranquilas por debajo de los 6.000 euros hace apenas cinco años, hoy piden entre 12.000 y 18.000 dependiendo de conservación. Las Cintrée y las Asymétrique, mucho menos accesibles, han multiplicado por tres su valoración desde 2020.
La Reverso de Jaeger-LeCoultre, creada en 1931 para los partidos de polo en la India británica, ha seguido un camino paralelo. Las referencias pre-2000, especialmente las 250.5 y las Grande Taille de finales de los noventa, se han convertido en el otro polo de atracción del segmento. Ahí está el detalle que cambia las reglas: mientras el hype Rolex-Patek se enfriaba, el eje París-Le Sentier iba absorbiendo al comprador informado.
Un cliente reciente, arquitecta de 41 años, me lo resumió mejor de lo que yo lo habría hecho: «No quiero un reloj que grite. Quiero uno que hable bajo pero que quien sepa, sepa.» Toda una definición del gusto que se está consolidando en el trienio que viene.
Tudor pre-2000 y el gap entre Rolex inaccesible y Seiko commodity
Otra zona interesantísima es la que ocupa Tudor antes del año 2000. Durante décadas fue considerado el hermano pobre de Rolex. Hoy, con Rolex fuera del alcance del comprador medio y con Seiko convertida en una marca de entrada para todo el mundo, Tudor ha encontrado su hueco: piezas mecánicamente sólidas, con caja Oyster real, con historia militar en algunos casos, y con precios que en 2026 todavía están en zona razonable.
Un Submariner Tudor 7928, por ejemplo, cotiza en torno a los 15.000-22.000 euros según estado. Un Rolex Submariner equivalente de la misma década se va cómodamente por encima de los 60.000. La distancia es tan grande que el trasvase de demanda es inevitable. Lo veo cada semana en las peticiones de tasación que recibimos en la mesa.
El coleccionista de menos de 40 años: perfil, presupuesto y patrones de compra
El nuevo comprador tiene unas características muy definidas y merece la pena describirlo con precisión porque es él (y ella, cada vez más) quien está moviendo el mercado. Perfil aproximado que estamos viendo en nuestros procesos de asesoría:
Edad entre 32 y 42 años, profesional cualificado o emprendedor.
Presupuesto disponible por pieza entre 8.000 y 30.000 euros.
Formación autodidacta vía foros, YouTube especializado y prensa relojera.
Preferencia por piezas con historia, procedencia documentada y estética discreta.
Rechazo casi ideológico a los cronógrafos de acero de gran diámetro.
Interés creciente por rectangulares, ovaladas y formas no convencionales.
Este perfil es demográficamente masivo y económicamente potente. Y su gusto no se va a normalizar hacia lo anterior: se va a consolidar hacia lo que ya prefiere. Ese dato, más que ningún otro, es el que explica hacia dónde va el precio en los próximos años.
Hacia 2027-2028: proyecciones concretas para los próximos veinticuatro meses
Aquí tengo que ser honesto: cualquiera que te venda certezas absolutas sobre lo que va a pasar dentro de veinticuatro meses en un mercado tan emocional te está engañando o se está engañando a sí mismo. Dicho esto, hay corrientes lo bastante consolidadas para arriesgar algunas proyecciones con fundamento.
Y como siempre digo a mis clientes: no se trata de acertar el pico, se trata de entrar antes de que la mayoría lo vea.
Marcas latentes que probablemente entrarán en zona de revalorización
Hay tres nombres que llevo siguiendo con atención especial desde 2023. Uno es Vacheron Constantin en sus referencias de vestir de los años sesenta y setenta, especialmente las cajas rectangulares y las esferas cepilladas plata. Otro es Piaget, con sus piezas ultrafinas de los setenta que llevaban años en zona plana. El tercero, y este me la juego, es Universal Genève: la marca que hizo cronógrafos maravillosos entre los cuarenta y los sesenta y que muchos coleccionistas serios llevan comprando en silencio desde 2020.
Si me pidieras una pieza concreta, apuntaría a un Polerouter de Universal Genève con dial genuino y calibre microrotor en buen estado. Hoy se puede encontrar entre 3.500 y 6.500 euros. Mi apuesta es que en 2028 estará entre 7.000 y 12.000 para las mejores piezas.
Complicaciones que perderán prima frente a las esferas limpias
Al contrario de lo que casi todos los medios dicen, no todo va a subir. Habrá categorías que pierdan prima. Las complicaciones espectaculares (tourbillones vintage baratos, cronógrafos de aviación con demasiados subdiales, calendarios completos con fases lunares recargadas) van a sufrir. No porque sean malos, sino porque el gusto está caminando en dirección opuesta: hacia la esfera limpia, hacia la simplicidad radical, hacia el reloj que casi no se ve.
¿Va a hundirse el mercado de complicaciones? Jamás. ¿Va a redistribuirse la prima estética entre categorías? Sin duda alguna.
El factor generacional: qué pasa cuando la referencia deja de ser el reloj del abuelo
Este es el punto que más me obsesiona últimamente. Durante décadas, la referencia estética del coleccionismo fue «el reloj que llevaba mi abuelo». Un rectángulo dorado, una esfera plata, unos números romanos. Ese abuelo, sin embargo, va desapareciendo demográficamente. Y con él, la memoria emocional directa de esas piezas.
¿Qué pasa cuando la referencia deja de ser familiar y se convierte en puramente cultural? Pues pasan dos cosas simultáneas: el mercado se estetiza (compras la forma, no el recuerdo) y se globaliza (compradores de Corea, Singapur o Vietnam entran con las mismas referencias que uno de Milán). Eso multiplica la demanda potencial y reduce la oferta relativa. Traducido a precio: presión al alza sostenida en las piezas icónicas, aunque con volatilidad puntual.
Qué comprar hoy pensando en 2028: criterios prácticos para no equivocarse
Toda la teoría anterior vale poco si no la aterrizas en decisiones concretas. Así que vamos a lo práctico. Estos son los criterios que aplico personalmente cuando aconsejo a un cliente sobre una compra pensando en un horizonte de dos o tres años.
Estado, procedencia y papeles: por qué la trazabilidad pesará más que la referencia
La regla es sencilla y cada vez más rígida: dos piezas idénticas en referencia y año pueden valer hoy lo mismo, pero en 2028 la que tenga papeles completos, historial de servicios documentado y trazabilidad de propietarios valdrá entre un 30% y un 50% más. Los compradores nuevos, especialmente los asiáticos, exigen expedientes completos. No es capricho. Es que el mercado ha madurado hasta ese punto.
El error que veo repetirse cada semana: comprar una pieza atractiva a buen precio sin verificar el estado del dial, sin autenticar el calibre y sin exigir factura original o certificado de casa. Cuatro años después, cuando quieres vender, ese ahorro inicial se paga multiplicado.
Si necesitas saber dónde en dónde comprar relojes de lujo en 2026 desarrollamos los criterios de selección de proveedor con más detalle en el enlace.
El error de comprar por tendencia: piezas a evitar en el próximo bienio
Y ahora la parte incómoda. Hay piezas que están calientes ahora mismo y que probablemente enfriarán antes de 2028. Sin nombrar referencias concretas para no herir sensibilidades, apuntaría a tres tipologías:
Cronógrafos deportivos de acero de gran diámetro (más de 41 mm) sin historia relevante ni edición limitada verificable.
Ediciones aniversario recientes (2018-2022) presentadas como «instant classic» que aún no han pasado el filtro del tiempo.
Piezas de marcas de segundo nivel infladas por hype de redes sociales sin base de coleccionismo consolidado.
Recuerdo perfectamente cuando entre 2019 y 2021 se decía que ciertos GMTs se iban a triplicar. Algunos incluso lo hicieron durante seis meses. Hoy cotizan por debajo del PVP oficial en muchos casos. La moral: comprar contra tendencia establecida es difícil, pero comprar dentro de una tendencia agotada es directamente perder dinero.
Mi consejo, después de quince años en esto, es siempre el mismo: compra lo que te guste tanto que estarías dispuesto a quedártelo aunque no valorizara. Si además cumple los criterios de este artículo, mejor. Pero el placer no debería depender nunca de su cotización futura, aunque sea agradable cuando el mercado te da la razón.
Cierre: lo que estará pasando en 2028 ya lo estás viendo hoy
Cuando empecé a redactar este análisis me propuse no cerrar con una frase impactante. Iba a limitarme a los datos. Total, que al final no lo consigo, porque hay algo que me parece importante decir con claridad: el ciclo que está entrando no es una moda. Es un realineamiento profundo del gusto, del dinero y de la memoria cultural del sector. Los que lo vieron venir en 2024 ya están posicionados. Los que lo vean en 2028 llegarán tarde.
El resto estamos ahora, en 2026, en el mejor momento para tomar decisiones inteligentes. Suficientemente pronto para entrar con precios razonables. Suficientemente tarde para tener datos que confirmen la corriente. Ese cruce no se da a menudo.
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